miércoles, 9 de septiembre de 2020

Adiós verano 2020

 ¡Hola! Espero que estés muy bien. Hoy vengo a escribir sobre el final del verano de este año. Sí, 2020 está siendo un año terrible, Pandemia mundial... en fin. Tenemos que ser optimistas pase lo que pase e intentar estar bien.

Este verano ha sido muy extraño. Mis vacaciones comenzaron el 2 de junio, no me quejo, han sido unas vacaciones muy buenas. Tengo mucha suerte y estoy agradecida, he podido viajar varias veces a mi segunda vivienda, en la playa. He conocido a gente nueva, que falta me hacía, he sido feliz pero también he estado triste. Sigo luchando con eso... mi relación de casi tres años se ha terminado por romper este verano, así que por eso necesitaba urgentemente una escapada, y eso hice. Me fui a la playa con mi familia y eso me ayudó mucho. Rodearme de personas que me quieren y a las que quiero muchísimo me ha ayudado a no estar triste y no pensar en ello. Y estoy muy agradecida de contar con ellos. 

También he recuperado viejas amistades este verano, amistades que tenía abandonadas y que necesitaba mimar un poco. Al final me he dado cuenta de que eso es lo que tengo que hacer: dar cariño a las personas que me quieren. Estar ahí como un punto de apoyo para los que me han apoyado, y estar agradecida por ello.

Me pone triste pensar que me estaba abandonando a mí misma, y me hace feliz volver a mi ser,a quererme y a darme lo que necesito. 

Este verano he visto maravillas a mi alcance. No he hecho viajes increíbles ni he visitado ciudades alucinantes. Simplemente he salido a pasear por las zonas en las que estaba. En mi urbanización intentaba salir a pasear todos los días, animaba a mis padres para que vinieran conmigo porque sola no me atrevo (sigo luchando con eso), y aunque es un lugar solitario y aburrido, yo lo encuentro fascinante. Me gusta admirar la naturaleza, ya que vivo en el campo,al menos puedo disfrutar de los animales que hay por aquí, de los sonidos de los pájaros que solo se escuchan en verano, de la brisa al amanecer y al atardecer... cómo me gusta el verano y cómo me gusta vivir aquí.

También he tenido la suerte de que mi casa de la playa está cerca de un parque natural y he podido contemplar flamencos en su hábitat, libres. Esos paseos por la noche, a la una de la madrugada sin pensar nada más que en ese momento, escuchándo sus sonidos y viéndoles meter y sacar la cabeza bajo el agua para conseguir su comida... ha sido increíble. Sin palabras. Y qué feliz me hace.


Este verano he ido a por todas. Me he vestido como siempre quise y nunca me atreví, he enseñado la tripita y me he aficionado a usar mini-faldas, he comprado maquillaje de una forma minimalista y no he comprado ropa sin control (que suelo hacerlo). También he de decir que la cuarentena ha ayudado a eso, me ha ayudado a autocontrolarme con las compras y los gastos innecesarios. 

He ido a una fiesta con unos amigos que no conocía (con precauciones y distancias, ah y éramos cinco) y he bebido alcohol, que yo nunca bebo. He fumado y he reído a tutiplén. Y me he querido, me he querido mucho, pero también me he odiado y me he derrumbado. He reído hasta llorar y he llorado hasta no poder más. He gritado, he disfrutado y he cantado. Así que todo lo que me quedaba por hacer en mi lista, lo he hecho. Y lo he disfrutado, y ya sé qué es lo que no voy a volver a hacer y lo que sí. Y quiero volver a salir con esos amigos, que aún no los conozco, pero para eso hay tiempo y sé que son de fiar (son amigos de uno de mis mejores amigos). Y cómo me alegro de poder salir al fin de mi burbuja.

Ah si... ¿y este otoño? Este otoño voy a quererme aún más. Voy a dar una nueva oportunidad a mis compañeras, voy a relajar mis nervios con los estudios y a aprender a controlarme y no asustarme por cualquier problema que asome la cabeza. Porque este año me ha enseñado que no puedes tener todo planeado, que siempre surgen imprevistos y que hay que aprender a controlarlo, darte tiempo y darle tiempo. No puedes ser tan perfeccionista, y menos cuando se trata de ti mismo.

Y con todo esto dicho, ¡hasta la próxima! Un saludo.



jueves, 19 de marzo de 2020

Aprobar la EvAU / Selectividad. ¿Cómo?

¡Hola a todos! Espero que os encontréis muy bien y que no perdáis los nervios con esto de la cuarentena.  Hoy voy a contar mi experiencia en la EvAU, que fue el año pasado ¡pero nunca lo había contado! Espero que os ayude.

Bueno, yo hice bachillerato de humanidades, en 1º de bachillerato tuve latín y griego, pero en 2º quitaron griego porque yo era la única alumna apuntada y me tocó elegir entre Geografía e Historia del Arte, así que al final tuve que escoger Historia del Arte. Me fastidió mucho porque claro, yo tenía pensado presentarme con griego en la EvAU y no pude hacerlo.
Terminé el curso y me quedaron dos asignaturas: historia y filosofía. Todo el mundo veía mi fracaso en la selectividad porque "con dos asignaturas pendientes ya no hay probabilidad de aprobar la EvAU porque al final acabas dejándolo". Lo único que me llegaban eran mensajes negativos, diciéndome que no podía. Mis profesores incluso me tomaban como un fracaso en la EvAU y que no iría a la universidad.
Me sentí muy mal durante mucho tiempo porque sentía que no iba a poder. ¡Normal, nadie me animaba! Pero al final lo conseguí con mucho éxito y aquí estoy, en la Universidad.

Todo el mundo me decía que entrase de oyente a las demás asignaturas, y esto me parece que es un buen consejo, porque así lo tienes todo más reciente. Aunque en mi caso, lo veía como una pérdida de tiempo. ¿Por qué? Pues porque en Lengua Castellana y Literatura, aunque la profesora era muy simpática, no me enganchaba a la clase y al final lo único que hacía era distraer a mi compañera (que era mi mejor amiga entonces) y no enterarme de nada. En Historia del Arte la profesora me dijo directamente que no hacía falta que fuese porque tenía todos los apuntes. Aquí si que me arrepiento, tenía que haber ido a las clases, que aunque también acabasen siendo un poco aburridas, si que podría haberme podido presentar si hubiese ido. A  Latín si que iba más a menudo, es la única a la que asistí todo el curso, también el profesor me dio la opción de hacer los exámenes aunque no me puntuasen para nada porque iba de oyente. Inglés ni me asomé porque a ese profesor lo tuve en cursos anteriores y no nos llevábamos especialmente bien. En Francés estuve un par de veces al empezar el curso pero tampoco volví realmente porque tenía un mal horario, aunque me hubiese gustado. Filosofía e Historia si que iba porque eran las pendientes y no me perdí ni una clase.

Lo importante, la clave de mi éxito, fue hacerme con buenos apuntes. Tenía los apuntes de Lengua y literatura del año anterior, los utilicé y también le pedí a mi novio que me dejase sus apuntes de literatura, porque me parecían buenos.
Filosofía e Historia fue todo lo que di en el curso. No tenía libros, era todo apuntes de clase. Latín también eran los apuntes que me dio el profesor. Inglés y Francés más de lo mismo, aunque además me estuve repasando los cuadritos importantes de ambos libros.

Al final me puse a estudiar dos meses antes de la EvAU, si es antes mejor, pero a mi me fue bien. Copié todos los apuntes de Lengua y Literatura a mano a la vez que lo iba memorizando, Filosofía hice lo mismo, pasé todos los apuntes a limpio. Historia hice esquemas, me estudié las fechas y los acontecimientos y repasé los decretos que podían entrar.

¿Cómo era mi rutina?
Bueno, yo comenzaba estableciendo un horario. Recomiendo las hojas de Ruby Granger y sus vídeos de motivación (si sabéis inglés).Al final pondré un ejemplo de la hoja. Yo no las compré porque me costaba mucho más el envío que el producto, pero me hice una adaptada a mis necesidades y en mi idioma. Cada día utilizaba una hoja. Establecía la hora en la que comenzaba, las asignaturas o temas que tenía que estudiar ese día, el tiempo que duraba cada asignatura, la hora a la que terminaba y los descansos (si iba a comer, merendar o cenar). Al final del estudio anotaba el tiempo total de lo que había estado estudiando. Eran 5 horas diarias aproximadamente.
Con estas hojas me aclaraba y organizaba perfectamente. Además antes de acostarme veía vídeos de motivación para el estudio y me daban más ganas de estudiar.


Me presenté a 6  exámenes: Lengua Castellana y Literatura, Latín, Historia, Filosofía, Inglés y Francés.
Estuve nerviosa, como es normal, pero sabía que me lo sabía porque había estudiado mucho y sabía que si no lo conseguía por lo menos había dado lo mejor de mi.
Así que leí bien las opciones, me quedé la que mejor me sabía y los hice. Mi nota final fue de un 9'51, contando filosofía y francés que eran las optativas. Aunque me hubiese gustado haber podido presentarme a historia del Arte, pero no iba preparada y lo sabía, así que no me apunté.

Con esto quiero que os animéis a estudiar, que os guste estudiar, que se puede con ello y sobretodo ¡mucho ánimo y mucha suerte!

Fotografía: Pumpkin productivity, by Ruby Granger.  https://www.pumpkinproductivity.shop/

lunes, 17 de febrero de 2020

Párate a pensar.

Hola, ¿cómo estás? Espero que estupendamente. Hoy te traigo unos pocos sentimientos encerrados en un tarro. ¿Te has parado a pensar? Sí, me refiero a esas veces que te encierras en tu mundo y piensas y piensas, y haces otras cosas que estés haciendo sin darte cuenta de lo que estás haciendo porque estás pensando en otra cosa. A mi me ha pasado; por eso me gusta tanto cocinar. Porque cada vez que me pongo a hacer algo, a la vez que estoy con las manos en la masa, ando pensando e imaginando mis asuntos. A veces esto da malos resultados, te puedes confundir en la tarea que estás realizando, pero otras veces resulta bastante liberador, pues es a la vez una forma de reconfortarte.

A veces me gusta salir a tomar el aire, aunque sea al balcón de mi casa, y disfrutar de las pequeñas cosas. Me gusta disfrutar de las vistas, aunque el campo esté lejos, puedo verlo, lo observo e imagino tantas veces... pero también puedo observar otras cosas que estén más al alcance de mi vista.
No quiero que pienses que es cotillear a los vecinos, pero muchas veces me quedo pensando en lo hermoso que es su jardín. Con el césped bien cortado, el pato de cerámica con su lazo, el olivo lleno de pájaros, gorriones, que aprovechan la soledad de la casa para darse un paseíto por allí. Me gusta observar lo que me rodea. Así de la misma manera me paro a observar los tejados, las barandillas, las cenefas de las escaleras, la ventana doble de madera cerrada, que si estuviese abierta, la observaría de la misma manera, no por curiosidad ni por cotilleo, repito, sino porque todo lo que está en mi campo de visión, es alcanzado y disfrutado. Y todo lo que me llega, desde ese pequeño rincón de mi casa desde donde puedo disfrutar de la visualización de mi entorno, es positivo. Solo me aporta buenos sentimientos, de cariño, de cuidado, de perseverancia hacia algo. Con esto me refiero a , por ejemplo, si he estado mirando lo bien cuidado que estaba el césped, pensaré: "vaya, todos los sábados viene aposta a cortar el césped, aunque luego solo esté un rato. Les gusta cuidarlo y tener la casita de verano bonita a pesar de que solo vienen a eso aposta en invierno." Es un sentimiento positivo porque siento admiración por ellos, por ejemplo. Ni siquiera voy a molestarme en buscar un pensamiento negativo para hacer la comparación, porque todo lo negativo es mejor tenerlo lejos.

Cada uno es libre de pensar lo que quiera, igual que yo puedo pensar lo que sea. Siempre quiero pensar bonito. Quiero pensar en positivo, porque siento que es una buena manera de pasar ese ratito. En vez de estar afligida y escupir negatividad por cada poro de mi piel, prefiero centrarme en lo hermoso, en lo bueno de todas las cosas. Y es por eso, amigo o amiga, que tú también deberías pararte a pensar. Porque es como la meditación, es liberador, es reconfortante, es bueno para la mente, y sobretodo, es bueno para tí.
Que te vaya bonito en este día y que disfrutes de tus pensamientos. Un saludo y hasta la próxima.







Fotografía por: Wallhere.com