¡Hola! Espero que estés muy bien. Hoy vengo a escribir sobre el final del verano de este año. Sí, 2020 está siendo un año terrible, Pandemia mundial... en fin. Tenemos que ser optimistas pase lo que pase e intentar estar bien.
Este verano ha sido muy extraño. Mis vacaciones comenzaron el 2 de junio, no me quejo, han sido unas vacaciones muy buenas. Tengo mucha suerte y estoy agradecida, he podido viajar varias veces a mi segunda vivienda, en la playa. He conocido a gente nueva, que falta me hacía, he sido feliz pero también he estado triste. Sigo luchando con eso... mi relación de casi tres años se ha terminado por romper este verano, así que por eso necesitaba urgentemente una escapada, y eso hice. Me fui a la playa con mi familia y eso me ayudó mucho. Rodearme de personas que me quieren y a las que quiero muchísimo me ha ayudado a no estar triste y no pensar en ello. Y estoy muy agradecida de contar con ellos.
También he recuperado viejas amistades este verano, amistades que tenía abandonadas y que necesitaba mimar un poco. Al final me he dado cuenta de que eso es lo que tengo que hacer: dar cariño a las personas que me quieren. Estar ahí como un punto de apoyo para los que me han apoyado, y estar agradecida por ello.
Me pone triste pensar que me estaba abandonando a mí misma, y me hace feliz volver a mi ser,a quererme y a darme lo que necesito.
Este verano he visto maravillas a mi alcance. No he hecho viajes increíbles ni he visitado ciudades alucinantes. Simplemente he salido a pasear por las zonas en las que estaba. En mi urbanización intentaba salir a pasear todos los días, animaba a mis padres para que vinieran conmigo porque sola no me atrevo (sigo luchando con eso), y aunque es un lugar solitario y aburrido, yo lo encuentro fascinante. Me gusta admirar la naturaleza, ya que vivo en el campo,al menos puedo disfrutar de los animales que hay por aquí, de los sonidos de los pájaros que solo se escuchan en verano, de la brisa al amanecer y al atardecer... cómo me gusta el verano y cómo me gusta vivir aquí.
También he tenido la suerte de que mi casa de la playa está cerca de un parque natural y he podido contemplar flamencos en su hábitat, libres. Esos paseos por la noche, a la una de la madrugada sin pensar nada más que en ese momento, escuchándo sus sonidos y viéndoles meter y sacar la cabeza bajo el agua para conseguir su comida... ha sido increíble. Sin palabras. Y qué feliz me hace.
Este verano he ido a por todas. Me he vestido como siempre quise y nunca me atreví, he enseñado la tripita y me he aficionado a usar mini-faldas, he comprado maquillaje de una forma minimalista y no he comprado ropa sin control (que suelo hacerlo). También he de decir que la cuarentena ha ayudado a eso, me ha ayudado a autocontrolarme con las compras y los gastos innecesarios.
He ido a una fiesta con unos amigos que no conocía (con precauciones y distancias, ah y éramos cinco) y he bebido alcohol, que yo nunca bebo. He fumado y he reído a tutiplén. Y me he querido, me he querido mucho, pero también me he odiado y me he derrumbado. He reído hasta llorar y he llorado hasta no poder más. He gritado, he disfrutado y he cantado. Así que todo lo que me quedaba por hacer en mi lista, lo he hecho. Y lo he disfrutado, y ya sé qué es lo que no voy a volver a hacer y lo que sí. Y quiero volver a salir con esos amigos, que aún no los conozco, pero para eso hay tiempo y sé que son de fiar (son amigos de uno de mis mejores amigos). Y cómo me alegro de poder salir al fin de mi burbuja.
Ah si... ¿y este otoño? Este otoño voy a quererme aún más. Voy a dar una nueva oportunidad a mis compañeras, voy a relajar mis nervios con los estudios y a aprender a controlarme y no asustarme por cualquier problema que asome la cabeza. Porque este año me ha enseñado que no puedes tener todo planeado, que siempre surgen imprevistos y que hay que aprender a controlarlo, darte tiempo y darle tiempo. No puedes ser tan perfeccionista, y menos cuando se trata de ti mismo.
Y con todo esto dicho, ¡hasta la próxima! Un saludo.